Pier Paolo Pasolini, uno de los cineastas más importantes de Italia, y su particular relación con Roma, ciudad a la que amó, odió y veneró con la misma intensidad que a un amante, son los protagonistas de una interesante exposición que organiza el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Una cita imprescindible para los viajeros mas cinéfilos que visiten la capital catalana este verano, ya que solo estará disponible hasta el 15 de septiembre. Después, serán París, Roma y Berlín quienes recogerán el testigo.

La muestra se divide en 6 etapas que sumergen al espectador en la vida de Pasolini desde que llegó a Roma y hasta su muerte. La primera parte nos habla del chico recién llegado a la gran ciudad junto a su madre, en 1950, y sus primeros pasos en Roma, mientras trabaja de profesor, sufre penurias económicas y reside en uno de los barrios más pobres de la capital.

Son los años en los que descubre a los personajes que servirían de inspiración constante para su obra: el proletariado, la gente humilde y sencilla.

Solamente cinco años después, Pasolini publica su libro, ‘Chavales del arroyo’, una obra que escandaliza a la sociedad romana, pero le granjea la simpatía de los intelectuales de la ciudad y le sirve de trampolín para comenzar a escribir guiones de cine y codearse con personajes como Fellini y Laura Betti, la actriz que sería su amiga y musa durante toda su vida.

La tercera parte de la exposición nos habla del Pasolini director. En 1961, dirige su ópera prima, ‘Accatone’, como parte de una trilogía que completa un año después, con ‘La Ricotta’. Los barrios obreros El Pigneto, Testacio y Tuscolano, que ahora presumen de aires bohemios y de un pasado humilde, son los escenarios de estas películas que indignan a los poderosos de la capital italiana por la crudeza con la que muestra lo que nadie quiere ver de la ciudad. Ese espíritu crítico y mordacidad que ya muestra le causarían interminables problemas con la Justicia, empeñada en acallar la voz del talentoso director.

Después de ganarse la apreciación de la crítica y convertirse en uno de los talentos del cine italiano, Pasolini inicia una nueva vida trasladándose al barrio residencial EUR, al sur de Roma, en busca de nuevos escenarios que le inspiren, pues siente que su tan amada ciudad ya no le aporta tantas cosas como antes. Es la época de ‘El evangelio según Mateo’ (1964) y ‘Pajaritos y pajarracos’ (1966).

Los siguientes años no hacen sino acrecentar la desilusión que el autor siente viviendo en Roma. Ya no ve en ella más que una sociedad aburguesada. La muerte de un amigo y un desengaño amoroso marcan este periodo en el que, como notas positivas, surgen sus primeras obras de teatro, su especial relación con María Callas y los viajes al extranjero para rodar sus siguientes películas.

En su última etapa, Pasolini regresa a Roma, no a la ciudad, pero sí lo suficientemente cerca como para reconciliarse con ella. El rodaje en 1975 de la que sería su última película, ‘Saló’, provoca que reciba amenazas y presiones y no llegaría a ver su estreno. Ese mismo año, aparece muerto en Ostia y aún hoy en día no se ha aclarado qué pasó realmente aquella aciaga noche.

Toda esta retrospectiva está ilustrada con manuscritos originales del cineasta, su correspondencia personal, algunos de sus poemas y dibujos, además de cuadros de pintores que le entusiasmaban y aparecían en sus obras.

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